Beijing 一Xi’an

Mae mía, maemía, maemía! Cuando le puse nombre a este blog no sabía hasta que punto estaba dando en el clavo. Y es que no me da tiempo a moverme a este ritmo, mantener el blog actualizado y dormir más de cinco horas al día. Pero… ¿y lo cochinamente que me lo estoy pasando? Eso no lo sabe nadie (recomendación: leer la última línea a lo Rapael.)

Llegamos a Beijing –o Pekín como le gusta llamarla a todo el mundo por aquí- el 26 de agosto. Cinco días nada más y parecen siglos… Entre pitos, flautas y las preparaciones para mi “solo” en Xi’an se nos fue el día pero sabíamos que al día siguiente llegaba lo gordo y nos fuimos a la cama conteniendo el aliento.
¡Sí, señores, sí! Al día siguiente tocaba la Gran Muralla y por Júpiter que tiene el nombre bien merecido. El murallón se puede visitar en diferentes puntos pero no queríamos ni oir hablar de Badaling, el mas turístico, porque nos imaginábamos una Montaña Amarilla 2. En un principio habíamos pensado hacer un trekking de Jinshanling a Simatai pero nos enteramos a tiempo de que el tramo de Simatai está cerrado por reconstrucción con lo que nos conformamos con caminar el primer tramo.
El viaje hasta Jinshanling lleva tres horas, en comparación con los 45 minutos a Badaling, y precisamente por eso la muralla estaba practicamente vacía, ¡vacía! Y eso que era sábado…
Y que vistas, que impresión cuando las ves por primera vez siguiento el contorno de la montaña, subiendo, bajando, serpenteando, desapareciendo bajo una loma, reapareciendo en la siguiente curva. Aqui en China todo lo comparan con el dragon pues bien, la Gran Muralla SI que parece un dragón, con almenas y ladrillos a modo de escamas, viajando semi enterrado en la tierra, tan largo que no sabes distinguir cabeza de cola.
De un lado de la muralla China, del otro Manchuria y en el medio nosotras, caminando por toda su anchura, y no es un paseo de domingo. Hay momentos en que el camino es tan empinado que parece que el suelo girara volcandose hacia ti. ¿Parece? ¿O es el dragón que se está moviendo?
Yo solamente podía pensar la gente que construyó aquel monstruo, la de piedras que tuvieron que subir por aquellas montañas, y la de gente que murió por el camino. Pero ni siguiera la muralla consiguió mantener a Hengis Khan fuera del imperio chino…
Lo que me lleva a la siguiente parada. Otra monumentaldidad pero de este siglo y que siendo visitada en el mismo día que la muralla, te hace perder la cabeza y el horizonte. Estoy hablando del Parque Olimpico del 2008. Una pagoda futurista que se ilumina por pisos de todos los colores, un estadio postestructuralista que entre sus vigas de acero iluminadas de rojo parece estar hecho de aire. Una caja de agua donde los muros parecen estar formados de gotas de agua que también cambian de color. Amplias avenidas donde vuelas las cometas. Y una “food court” donde puedes encontar los platos chinos mas típicos junto a un Spanish chocolate con churros > ) Ese día me fui a la cama toa loca con los chinos.
Al dia siguiente tocaba la Ciudad Prohibida y la Plaza de Tiananmen. La Ciudad no me dijo ni fú ni fá. Es una choza enorme dividad en diferentes patios que parecen replicas del anterior y del siguiente. Tiananmen Square me acongojó, no tanto por el tamaño, sino por las medidad de seguridad en display. Scanneres para entrar y salir, policías a tutiplen y hasta ocho cámaras de seguridad en cada farola –y había muchas farolas. Me pregunté que pasaría si me plantara en mitad de la plaza, junto al mausoleo de Mao y gritara “democracy for China!” Probablemente todas las cámaras se habrían girado en mi dirección, los policías se habrían avalanzado hacia mi y no habría vuelto a ver la luz del día más que en el patio de una prisión amarilla. En fin… Así y con todo todavía me quedaban energias para ir al zoo y ver los pandas. Tan monos, tan jugetones, tan comilones, un amor de ositos. Como el panda de peluche que tuve de pequeña y que destripé en un descuido. Pobrete…

Al día siguiente volaba a Xi’an y tuve una noche terrible con un dolor de muelas que comenzo así como de la nada. Para cuando llegué a Xi’an a las cinco de la tarde el dolor había remitido, transformándose en un flemón del tamaño de un huevo duro. Los chinos me miraban con cara de espanto y lo les respondia con otra mirada que decía: “¡estoy fea, sí, aprovecha que esto no se ve muy a menudo, je!” Me costó una eternidad llegar al hostel y es que Xi’an es una monstruosidad de ciudad. Sí, sí, la ciudad donde empezaba la ruta de la seda es ahora la ruta vetical del cemento y del ladrillo. Pero oye, Flemin y yo nos fuimos a ver el espectáculo de luz, agua y música frente a la Pagoda de la Gran Oca Salvaje –donde se supone que el tipo que trajo el budismo a China se encerró para traducir el Sutra- pero no lo disfruté. ¿Por qué? Porque si hay algo que no aguanto de los chinos es el reducido espacio vital al que están acostumbrados. Se pegan, se empujan, se meten el codo, se chillan al oído y, oye, tan normal, ni una disculpa. Y yo creo que eso es precisamente lo que me saca de quicio, la ausencia de disculpas. Pero no es culpa suya ni mía, sino de un unabridgable cultural gap. Así que sin excusas ni disculpas, Flemin y yo nos fuimos a la cama que al día siguiente había que levantarse temprano para, ¡tachán!, ver los soldados de terracota. Oh, yeah!
Tan temprano me levanté que el conductor del autobús que tomé para ir a la estación de trenes –donde se puede tomar el autobús de línea para los soldados- me preguntó en un chino más que comprensible “¿pero a dónde vas alma perdida que son las 5:30 de la mañana?” Yo le hice el ruido de la locomotora y de las ruedas moviéndome (ya sabeis: mimo y pictionary 24/7) y eso pareció convencerle.
Tan temprano llegué a los guerreros que las taquillas no habían abierto y yo era la primera en la cola. Pero los grupos de turistas en seguida aparecieron y en cuanto tuve la  entrada en la mano no corrí, volé hacia los guerreros y ¿saben qué? Los tuve para mi sola durante unos minutos.
Todavía se me ponen como escarpias, oiga, una nave de 14.620 metros cuadrados, 2000 guerreros, una señora de la limpieza y yo. Qué quietud, qué silencio se imponían. Los guerreros parecían tan reales –ninguna cara es igual a otra- que la posibilidad de que debajo de la capa de arcilla hubiera una persona real parecía más que una posibilidad. No sé cómo resistí la tentación de ponerme al mando de todos ellos con un “a la carga, mis valientes”.
No veas la que tenía montada ahí el emperador Qin Shihuang con su mausoleo –del cual los guerreros son parte. El tipo empezo su “tumba” cuando tenía 13 años, la construcción duró otros 38, el recinto cubre un area de 56 kilometros cuadrados y se dice que corrían ríos de mercurio bajo tierra. Y todo esto unos 400 años antes de Cristo. ¡Jesús! No solamente se hizo construir guerreros y caballos sino acróbatas y concubinas y cisnes y carros y todo lo que le pasara por el imperial moño. Estas bizarradas imperiales me sacan un poco de quicio pero tengo que admitir que la experiencia terracota fue imperdible y me llenó de energia para todo el dia. De ahí que me recorriera la torre de la campana, donde puede ver un espectaculo campanil-musical, el barrio musulmán y el muro de la antigua ciudad con un espectáculo de tambores que riete tu de las batucadas brasileñas. Me metí a la cama devastada pero feliz, fe-liz.

Hoy de vuelta en Beijing, gigante de cemento y humo que no me dice mucho, he ido al dentista. La tipa me ha leido la radiografía y me ha dicho que tengo la raiz de la muela partía y que hay que extraerla. Vamos, que quería quitármela aquí y ahora. Yo me he negado. Primero: todavía está infectada y hasta donde yo se no se toca una pieza infectada. Segundo: quiero una segunda opinión. Tercero: me quedan exactamente cuatro semanas para voler a España y creo que con los antibióticos que me ha recetado puedo ir tirando.
Cuatro semanas para volver? Por Zeus, Buda y San Quintin que no estoy preparada. Todo será por si las muelas…

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Acerca de Iguácel

Mostrando en imágenes una vuelta al mundo más.
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2 respuestas a Beijing 一Xi’an

  1. concha martinez dijo:

    Sí que va a ser dura la vuelta a casa! Pero algo ganarás en no tener que ir a ese trotecochinero por una temporada larga. ¡Espero! Suerte con la muela

  2. Maria Jose dijo:

    ¿Solo quedan 4 semanas? ¿ya ha pasado un año?!!! llevo un año sin perderme ninguno de tus relatos! lo echare de menos!!! parece que fue ayer que leía que estabas en Australia esperando el año nuevo!!! un abrazo y espero que se te pase el dolor de muelas!!

    Un abrazo, Maria Jose

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