Hong Kong

Cuando pensaba que ya lo había visto todo, llego a Hong Kong y me vuelvo a sentir como una niña pequeña que ve el mundo por primera vez con los ojos muy, muy abiertos. Hong Kong es China pero no es China, es una antiguo protectorado inglés pero es como de otro planeta. Me extraña que la visa que estampan en el pasaporte no sea intergaláctica y lo que sigue es sólo una muestra. HK es uno de los pocos lugares de este mundo donde la población es china, blanca, negra, hispana e hindú y donde las máquinas expendedoras no venden chicles, ¡sino paraguas! La gente no paga ni con tarjeta ni con efectivo, sino con Octopus, y las monedas -que aquí una sigue siendo de la antigua escuela- no son redondas sino que tienen forma de flor. Pagues con Octopus o con flores, hay cola para entrar en Chanel (tengo fotos que lo atestiguan). Los edificios de 20 pisos se construyen con andamios de bambú mientras que algunas calles están divididas longitudinalmente por una línea que marca el límite donde se puede fumar y donde no, pero tanto en un lado como en el otro, todo el mundo camina hablando por su i-phone4 o enganchado a su i-pad2. Tiffany´s y Cartier se pelearán por el diamante rosa más caro PERO un pasaje en el Star Ferry os costará sólo 2´30 HK dólares (unos 23 céntimos de euro).

 Todo eso y más es HK, y la llegada no pudo ser más espectacular. El autobús de dos pisos del aeropuerto bajaba Nathan St abajo -que es como la Quinta Av. de NY- y yo, como no, sentada en los primeros asientos del piso superior, tenía toda la panorámica de las luces de neón convirtiendo la noche en un brillante espectáculo de colores que se reflejaba en mis pupilas. Estaba, sencillamente, flipando. Era como si hubieran dado un tripi y lo viera todo a través de unas lentes artpop. No veía el momento de llegar al hostel, dejar la mochila y salir a explorar. Dicho y hecho. Me hice con un mapa y para el Puerto Victoria que me fui.  La visión nocturna del skyline de la isla de Hong Kong desde Kowloon es increíble, como todo aquí. Por muchos que hayáis visto, con éste no podréis reprimir un ¨guau¨ seguido de una carcajada. Es tan masivo, tan abarrotado de rascacielos, acero, vidrio, luces y colores que parece una maqueta o un telón de fondo. No es como el de Shanghai en el que cada edificio parece tener su espacio y su aire alrededor dentro de la composición. El del HK es como si alguien hubiera lanzado las fichas al aire y ahí quedaron donde cayeron. No crees posible que la gente pueda realmente vivir y/o en ese tumulto e incluso que ese tumulto te pueda parecer bello… Era tarde pero no me sentía cansada, tenía las glándulas lanzando adrenalina a chutazos. Con la mente a 1.000 por hora me obligué a meterme a la cama y eran ya las 2 am.

 Toda la mañana del día siguiente la pasé metida en un centro comercial dispuesta a enmendar las pérdidas tecnológicas que he tenido durante este año y flipando con las mil una que hay para comprar en HK, eso sí, siempre que uno tenga poderío, como los USB con cristales Swarosky o las cámaras de lomografía con diseño de piezas de Tente. Debido al acuerdo que firmaron China e Inglaterra, cuando ésta le devolvió HK a aquella en 1997, HK sigue manteniendo una economía de libre comercio y, más que eso, ¡¡los precios están tirados!! Acabé comprándome el teléfono más barato que encontré (el móvil con el que empecé este viaje murió ahogado en una playa Camboyana) para dejarme los cuartos en un MacBook Air 11″ (recordareis que me robaron el ordenador en Vietnam). Para que os hagáis una idea aprox, la última vez que miré este Mac en España, costaba 1.100 euros -de esto hace un año-  y aquí lo he comprado por algo menos de 700.  Resistirme a las Canon y Leica con objetivos telescópicos fue mucho más fácil pensando que el Anapurna que me está llegando sería mucho más fácil con la compacta que estoy usando ahora. Además, ya no estaba para mucho gastos más ; ) Pasé buena parte de la tarde familiarizándome con mis nuevas adquisiciones y enamorándome poco a poco del Mac hasta que las 8 de la tarde se acercaron peligrosamente. Con mucho dolor de mi corazón, dejé el Mac (Hongki a partir de ahora -aquellos que me vieron comprar mi primer portátil en Nueva York hace casi 10 años, sonreirán con la analogía) a un lado y volví al Puerto Victoria para ver la Sinfonía de la Luz, el espectáculo de luz y música que ostenta el récord Guinness por ser el que lleva más tiempo en funcionamiento -o algo así… The Symphony of Light se puede ver todas las noches a las 20h y el único lugar para verlo y disfrutarlo es del lado de Kowloon en la pasarela del Centro Cultural de la ciudad. Los rascacielos sacan a brillar sus mejores luces y focos láser del último piso y los hacen bailar al ritmo de una música electrónica con mucho teclado y sintetizador, demasiado ochentera para mi gusto y es que creo que el show lleva demasiado tiempo en “cartel” sin una buena pasadita del polvo. Una tenía la impresión de que en el momento más inesperado iba a aparecer David Bowie, enfundado en un mono espacial y montado en una moto intergaláctica con David Lynch y Prince como copilotos, dejando un rastro de polvo de estrellas. Bueno, ¿también se podrá criticar, no?

Después del espectáculo me monté en el Star Ferry, una joya de madera del siglo pasado con sus marineros vestidos de primera comunión, para cruzar por primera vez a Hong Kong Island. Hacerlo por la noche fue todo un lujazo, con ambas orillas iluminadas una no sabía pa donde mirar. Se me había metido entre ceja y ceja ir al edificio de convenciones y congresos para contemplar la orilla de Kowloon desde el ventanal de siete pisos que mira al puerto. Lo cierto es que una vez llegada al ventanal me dio un vertigazo de lo más lindo y agarrándome a la barandilla tomé camino escaleras abajo. En Kowloon de nuevo, terminé la noche en el Centro Cultural que ríete tu del Caixa Forum, vaya pedazo de edificio con vaya pedazo de programación de conciertos, óperas, teatros y películas. Con un poco más de tiempo -o planificación- habría aprovechado alguno de ellos que hace mucho que mi vida cultural anda descuidada….

 El tercer día fue todo un pateo por Kong Kong Island. Primero tomé el tranvía que sube hasta el Pico Victoria y tengo que avisar que las vistas desde arriba deben ser mucho más impresionantes de noche -pero qué no impresiona de noche en HK- que de día ya que normalmente el paisaje lo cubre el smog. Esta fue la parte tranquilita porque al final del día me había recorrido a pata gran parte de la isla. Primero, los barrios de Admiralty y Central con sus rascacielos de brillantes fachadas que no hacen sino reflejar el edificio que tienen en frente que normalmente es otro rascacielos que vuelve a reflejar el anterior y como a mí las reflejos me pirran -en casa tengo los espejos estratégicamente colocados para que reflejen un cuadro o, por ejemplo, la calle- me pasé buena parte del día fotografiando edificios dentro de otros edificios. Me pasé por Soho y sus restaurantes pero los encontré demasiado “chic” para ser South of Hollywood. Seguí y terminé en Sheung Wan con sus tiendas de antigüedades y curiosidades, con sus casas bajas, tiendas de pescado seco y tranvías de dos pisos. Volví a casa reventada pero, fíjate tú por dónde, me encontré a unos catalanes con los que había estado compartiendo miedos y angustias chinas en Tailandia, cuando todavía estábamos planeando cómo acometer la tarea amarilla, y estuvimos cenando juntos e intercambiando impresiones. Si es que el mundo es un pañuelico, nen…

 El cuarto día fue la despedida para mi. Se me acababa China y casi que sentía que se me estaba acabando el viaje. Así que opté por pasar un día de playa en Lantau, otra isla a 40 minutos en ferry desde Hong Kong Island. Esto seguía siendo HK pero no había ni rascacielos ni centros comerciales si no búfalos invadiendo la playa y templos con vistas de atardeceres. Parecía increíble que eso también fuera Hong Kong… Mi día fueron unas almejas al vapor, una lectura sobre la arena y dejarme llevar por las olas del mar. Hasta yo sé quedarme quieta de vez en cuando : ) Dicho lo cual es bastante gracioso admitir que voy subida a un avión que aterrizará en Kathmandú dentro de 25 minutos. ¡Y viva Nepal! Ole, ole y ole.

 

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Mostrando en imágenes una vuelta al mundo más.
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Una respuesta a Hong Kong

  1. concha martinez dijo:

    ¡Qué bien recuperar los tildes y las eñes!, te sale mucho más fluida la escritura. Y ahora a prepararse para el Annapurna, aunque estás ya tan curtida que igual te sabe a poco. Lo que está más complicado es lo de aquí, ya verás… Felizmente has cargado a tope todas las baterías, pilas y demas reservorios

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