Gosaikunda y cierre.

En Heathrow me encuentro después de volar más de 20 horas en el trayecto Kathmandú – Hong Kong – Londres y todavía me quedan unas cuantas horas más para tomar el vuelo a Atenas. Sí, mis amigos, ya he dejado Nepal pero juro que volveré a más tardar el próximo abril. Dejando a parte el hecho de que la montaña me tiene enganchada y para montaña no hay mejor sitio, los nepalíes me chiflan, son una gente encantadora, siempre sonriente y con buena voluntad hasta el desconcierto. Esto de que te llamen “sister” y te deseen buena suerte a todas horas me da muy buen rollo. ¡Menudo contraste al salir del aeropuerto en Londres y encontrármelo todo limpio y silencioso! ¿Dónde está el barullo, la agitación, la vida al fin y al cabo? Aquí la gente no se mira, no se toca, no se habla. Y si lo hace es de soslayo, con un roce no planeado que invita a la disculpa y levantando tan poco la voz que parece que sólo estén moviendo la boca. ¡La civilización! Pues menuda cosa, si sólo sirve para que te pregunten si quieres ventana o pasillo…. El último día en Kathmandú, vi a unas señoras muy civilizadas que pidieron una coca-cola en un bar y después de descartar los vasos que les trajeron, limpiaron la boca de la botella con este jabón que no necesita agua. Me dieron pena, mucha pena, porque seguramente nunca probarían el masala o los momos o el queso de yak. ¡Esterilizémosnos, queridos míos, bebiendo coca-cola enjabonada! Total, ya estamos al borde la extinción… (Por lo que a mí respecta, yo ya estoy demasiado asilvestrada hasta para depilarme las piernas ; )

 Mis últimos días en Nepal los pasé haciendo un trekking hasta el lago Gosaikunda y tuvo que pasar de todo para que pudiera llegar y salir de ahí. Para empezar los permisos. Por un lado tienes que sacarte la tarjeta TIMS y, por otro, pagar el permiso de cada trekking. Yo pensaba que como ya tenía la tarjeta del trekking que me había sacado para el Annapurna no tenía que volver a hacerla pero me equivocaba. Hay que volver a pagarla cada vez que cambias de área y sólo, sólo, se puede hacer en Kathmandú (mientras que el permiso se puede pagar en cualquiera de los trekkings.) El caso es que sino es por la desinteresada ayuda de un agente de turismo que me ayudó a sacar la tarjeta in extremis no habría podido hacer el trekking. Más tarde, después de pasar 8 horas en un autobús para recorrer los 175 kilómetros que separan Kat de Dunchen -desde donde se comienza el trekking al Gosaikunda- (y han leído bien: 8 horas para 175 kilómetros), me encuentro con que sólo tengo 900 rupias -9 euros- y que el único cajero de Dunchen no funciona. A mi ayuda acudió Juanjo, un español que conocí en las 8 horas de autobús, quien me prestó 40 euros…. Sino hubiera sido por él habría tenido que irme por donde había venido (porque para el billete de vuelta sí que me llegaba) y aunque inmensamente agradecida, no me siento particularmente orgullosa de mi despiste económico. Todavía no me creo que después de estar viajando tanto tiempo, cayera en semejante trampa para novatos. ¡Confiar en los cajeros automáticos de Nepal! JA-ja-JÁ.

 Y este fue el comienzo de mi primer trekking en solitario porque éste era el reto esta vez: hacer el trekking sola. Hasta ahora siempre había tenido un compañero que me esperaba a la vuelta de la siguiente curva en el caso de que algo fuera mal pero ahora tenía que hacerlo yo sola y era mi última oportunidad, al menos en Nepal. Sin guía, sin porteador, sin compañero y fue todo un éxito. Llegué rauda y veloz a cada una de las etapas aunque tampoco tengo que darme muchas palmaditas en la espalda porque muy difícil habría sido que me hubiera perdido: sólo había un camino a seguir. Difícil pero no imposible. La primera noche conocí a unos israelís que estuvieron perdidos durante ¡2 horas! Me pregunto cómo consiguieron hacerlo…

El mapa lo tengo en la mochila y la mochila está en la bodega de algún avión (espero que el mío) así que no os puedo dar detalles. Pero sí que os puedo decir que el camino es de 18 kilómetros, superando un desnivel de 2.000 metros y llegando a una altitud máxima de unos 4.300. El primer día paré al superar los 3.000 metros de altitud tan sólo por precaución porque no estaba cansada. La parada no habría sido necesaria porque luego me enteré que una vez que subes a los 3.000, tienes 10 días en los que el cuerpo tiene la maquinaria de producir glóbulos rojos en funcionamiento y, aunque vuelvas a bajar, es muy poco probable que te dé el mal de altura. Pero bueno, como dicen aquí en la civilización: “safety first”. El segundo día llegué al Gosaikunda -el lago sagrado creado por Shiva- antes del anochecer, después de hacer una parada de emergencia de dos horas y media porque estaba cayendo el diluvio, otra vez. El tercer día bajé todo lo que había subido hasta llegar a Dunchen de nuevo y menos mal que estiré las piernas al final que sino no habría sido capaz de dar un sólo paso al día siguiente. (Advertencia: los que no están habituados a caminar suben en tres días y bajan en dos.)

 Caminar SOLA por la montaña es una maravilla. Cuando paras y el ruido de tus pasos cesa, sólo quedan los sonidos de la montaña y el latido de tu corazón. Respiras profundo y todos los olores de la hierba, de los árboles, de las flores invaden tus pulmones abiertos y te sientes viva, mucho más viva de lo que te puedas sentir allá abajo en la civilización de las coca-colas enjabonadas. Sólo hay una cosa que se le pueda comparar: el olor del deseo. ¿Lo habéis sentido alguna vez? Es ese olor que te hace desacompasar tu respiración con la del otro para poder respirar cada suspiro de la persona deseada, para llevarte bien dentro ese olor sin que se escape nada… No recuerdo su nombre, eran cinco y se presentaron todos al mismo tiempo. Lo que sí recuerdo fueron nuestras miradas fijas en la del otro. Y nuestras respiraciones desacompasadas mientras charlábamos hombro con hombro después de cenar. Cuando se enteró de que me quedaban cuatro días en Nepal, me sugirió que cambiara la fecha del vuelo y su respiración se hizo más intensa cuando le expliqué por qué no iba a hacerlo. A la mañana siguiente no sabíamos cómo despedirnos. Ni siquiera tengo su mail. Os cuento esto porque la vida te da con la misma alegría y la misma felicidad con la que te quita. Sólo hay que saber aprovechar cada momento. Incluso este mismo momento en el que me despido de este blog para siempre. Aunque parezca increíble, ha pasado un año ya desde que empecé a viajar y a escribir. La vuelta al mundo ya está acabada. Ahora lo que queda es la vuelta a casa y siento que este tramo también lo debo hacer sola. Ha sido un auténtico placer. Os agradezco de corazón las lecturas, los comentarios públicos y privados -incluso los silencios- los ánimos, las sugerencias, las sorpresas… Me he sentido acompañada por vosotros en todo momento. Os quiero. Me muero por veros. Id preparando el jamón serrano, el tinto del Somontano y el Cariñena, el queso curado, las borrajas, las costillas de cordero lechal, el bonito, la merluza y el bacalao, el pan tumaca con un buen chorretón de aceite de oliva y las anchoas con ajito picado por encima, que me tienen obsesionadaaaaa. Todavía no tengo fecha de vuelta pero cuando la tenga tampoco os la voy a decir (así que dejad al pobre Gamboa tranquilo ; ) Me lo voy a pasar teta planeando cómo os voy a sorprender un buen día en vuestro portal, en vuestra oficina o en la puerta de la biblioteca donde soléis ir a estudiar. Tal vez la próxima persona que se acerque a preguntaros la hora sea yo y, a partir de ahora, no os podréis dejar de pensar si será hoy el día. Tal vez no esté ni camino a Grecia, sino de Madrid o de Zaragoza. Me siento deliciosamente diabólica… Recordad, sólo hay una cosa que viaja más rápido que la luz: el pensamiento. Cierro blog.

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Acerca de Iguácel

Mostrando en imágenes una vuelta al mundo más.
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6 respuestas a Gosaikunda y cierre.

  1. concha dijo:

    Va a ser difícil desengancharse de altrotecochinero, pero como bien dices hay que aprender a recibir y a dejar. Ha sido un auténtico placer acompañarte en esta vuelta al mundo
    Buen alunizaje, estés en donde estés

  2. Nuria dijo:

    Opino igual que Concha. No he comentado nunca tu blog pero te he seguido en silencio y me he emocionado cada vez que veía una nueva entrada. Me ha encantado tu relato y voy a añorar tus entradas contando tus aventuras.
    Muchas suerte en tu vuelta a la “normalidad”

  3. Maria Jose dijo:

    Feliz retorno a casa!!!!!!! me ha encantado leer tus entradas, me parece increible q haya pasado un año ya!! un saludo!!!

    M Jose

  4. Seguidor dijo:

    ¡¡¡…con el cariño que te hemos cogido…!!!, Iguacel, por favor, cuando estés en tu “casa” sigue contándonos algo: la aventura de comprar el pan, el recorrido para ir al cine,…, lo que quieras.
    Besos
    Un seguidor

  5. Elena dijo:

    Te echaré de menos!!!! Un año entero leyendo tus aventuras, y aun me saben a poco… mil gracias por compartir tu maravilloso viaje con nosotros!!!

    Una fan de zaragoza que te manda un gran abrazo ^_^

  6. Manu dijo:

    Voy a echar de menos el blog despues de tanto tiempo.
    Saludos desde las Rías Baixas.

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