Provincias de Zhejiang y Anhui

Vengo de Hangzhou, estoy en Tunksi, voy para Sanghai y nada de lo que os tengo que contar es extraordinario.
Dos personas, dos, un extranjero y otro local, nos recomendaron ardientemente ir a Hangzhou para embelesarnos con la belleza del lago del Oeste. Aunque el mismísimo Marco Polo la describiera en su diario de viajes como una de las ciudades más maravillosas del mundo entero, me temo que tengo que citar a mi primo Pablo (que pasa, Pablete!) y concluir que la Hangzou del siglo XXI esta “overrated”. Es una ciudad cara, repleta de concesionarios de Lamborgini, tiendas de Gucci y cafeterías de Starbucks, hace un calor y una humedad simplemente ridículos y el lago es un artificio de los tiempos imperiales con sus templos, museos y panorámicas con nombres poéticos que no dicen nada al que no tiene un conocimiento histórico ni lo quiere tener. Dos consejos. Uno: no vayais de propio a H para ver el lago. Dos: no alquiléis una bici porque están prohibidas dentro del recinto.
Asi dejamos H, con la sensación de haber hecho una parada innecesaria. Compramos el billete de autobús para Tunxi en una oficina de correos haciendo uso de este nuevo y práctico descubrimiento para visitar lo que la Loly califica como la montaña china; Huang Shuan o la montaña amarilla. Aun con las palabras de la Loly en mente nos pensamos dos veces si ir o sino cuando nos enteramos que la entrada costaba 230 yuenacos (23 euros) y que las literas costaban 30 dólares la noche. Pero nos dijimos que ya que estábamos en China debíamos ir a la montaña amarilla. Mas difíciles se pusieron las cosas cuando nos enteramos que todos los alojamientos estaban ocupados pero al final el tema se solucionó porque cada hotel tiene un espacio reservado para tiendas de campaña (160 yuanacos por tienda).
Después de pasar medio día en la parte antigua de Tunxi, una ciudad de lo mas agradable, y de probar los tes de jazmin y rosa, nos dirigimos al día siguiente a la montaña llenas de emoción. El color de la montaña es difícil de describir. Lejos de llamarla amarilla, diría que es de un rosa pálido con vetas grises que va cambiando con la luz del día. Es una roca pulida, suave y agrietada en grandes bloques, como el rostro de un gigante anciano. Casi en cada grieta, la vida ha encontrado su camino y los pinos han anclado sus raíces sin saber ni donde, mientras que sus ramas nacen tan solo a un lado del tronco y se extienden completamente horizontales al suelo, creando la mas bella postal oriental.
Subiendo por el lado este, el más facil, tienes tres horas de subida hasta la primera cima, desde donde puedes continuar subiendo a otras cumbres. Pero no hace falta seguir subiendo para contemplar el mar de nubes encajadas entre las montañas que se van difuminando en aceros y azules por el horizonte hasta que no sabes si lo que estás viendo es montaña o nube.
Después de evitar milagrosamente el chaparrón de la media tarde del primer día, tuvimos una puesta de sol de las que te hacen amar este mundo más todavía. No tuvimos tanta suerte al día siguiente, sin embargo, cuando nos levantamos a las 4:30 para ver el amancecer. Las nubes no dejaron brillar el sol, igual que cuando subimos al pico más alto -el de la flor de loto- y a los 2000 ya estabamos metidas de lleno en una nube.
La montaña de Huang Shan es hermosa pero, oh!, lo que han hecho con ella no tiene nombre y me entristece infinitamente. El camino está completamente cementado con unas incómodas escaleras; puedes encontrar hoteles, bares y tiendas por todas partes -por no hablar del teleférico. También hay bancos, oficinas de correos y estaciones de policia. Humanos, muchas veces sinónimo de estúpidos. Los grupos de turistas son innumerables y sus guías usan micrófono y altavoces para que toda la montaña escuche sus explicaciones. Las papeleras abundan pero los chinos no hacen uso de ellas y puedes encontrar botellas y plásticos por todos los lados. Eso sin mencionar la contaminación acústica de la música electrónica que van escuchando o de los gritos pelados a los que parecen ser tan aficionados. Sangrante, simplemente, sangrante.
Mañana vamos a Sanghai y nos hemos prometido una noche loca, nuestros gemelos y muslos se lo tienen merecido. Brindaremos por la antigua montaña amarilla…

Publicado en China | 1 Comentario

Provincia de Guangxi

El viaje de Lijiang a Guilin para luego volver a viajar hasta Yangshuo duró 30 horas. Tomamos dos trenes. El primero nos llevaría hasta Kunming en lo que en teoría eran unos pasajes para ir de pie pero he aquí que en los compartimentos habia dos columnas de tres literas y los chinos se sentaban en la primera litera, ponían las maletas en la segunda y la tercera -casi tocando el techo- quedaba libre. Así que, ¿qué hizo la chanchi? Después de pensárselo un rato, escaló hasta la tercera litera y durmió de un tirón las primeras cuatro horas de viaje. El segundo tren era noctu pero solo habíamos encontrado pasajes de “hard seat” lo que significa (tal y como su nombre indica) que vas sentada en un asiento más duro que una piedra. Terminamos durmiendo totalmente dobladas, casi con la cabeza entre las rodillas, una vez que los carritos de comida y juguetes terminaron sus incansables rondas. En Kunming pasamos la noche, exhaustas, no sin antes pasar por el gabiente de masajes más barato que hemos encontrado hasta ahora (30 yuan/hora) y os prometo que el masaje no fue capricho.
Al día siguiente emprendimos camino a Yangshuo -como veis pasamos mas tiempo moviéndonos de un sito a otro que en los propios sitios- pero esta vez fueron solo dos horas y en autobús. Toda la gente con la que habíamos hablado nos había dicho que el tiempo se les había hecho corto en Yangshuo pero a nosotros nos valió con dos días, incapaces de encontrarle tanto encanto al lugar. El paisaje los dominan picas de “karst” sobre el rio Li, con exuberantes bosques de bambú curvados hacie el agua asemejando las plumas del sombrero de una dama del siglo XIX. Las cadenas de montañas parecían recortadas del horizonte, verdes en primer plano y grises al fondo, como si todavía pudiera verse el hueco que habían dejado las tijeras del master en el cielo. Pero aun y con todo, nos recordaba demasiado al paisaje de la bahía de Halong; mientras paseábamos en un barca de bambú por el río y preferíamos con mucho -a pesar de los pesares- el paisaje vietnamita al chino. Por la noche, Yangshuo se convierte en un mercadillo de luces de colores donde puedes encontrar cualquier cosa y/o emborracharte a cualquier precio. Pero como ni comprarmos ni bebemos no encontramos demasiados alicientes y nos fuimos temprano al guesthouse.
Al día siguiente decidimos alquilar unas bicis y recorrernos los alrededores del pueblo, intentando emular la maravillosa aventura que tuvimos en el lago de Da Li pero lo cierto es que, aunque el pasiaje era bellísimo- no vimos nada de lo que habíamos planeado porque nos perdimos, acabamos saltando uan alambrada para encontrar el camino de vuelta a casa siguiento la autopista ante la mirada atónita de los empleados que cobraban el pasaje y además acabé pinchando una rueda (siempre me tiene que pasar algo cuando me subo a las dos ruedas). Lo que significa que después de pedalear durante ocho horas bajo otro sol de justicia, acabamos muertas de risa y de cansancio sobre nuestras literas.
La manyana siguiente era prometedora. Nos levantamos temprano para ir a ver las Terrazas de ARroz de la columna vertebral del Dragón en el minúsculo pueblo de Dazhai. Fueron 8 horas de viaje con tres autobuses diferentes. Para cuando llegamos a Dazhai eran ya las dos de la tarde y nos advirtieron que era ya muy tarde para subir los tres miradores con nombres tan sugerentes como “escaleras al cielo”, “música del paraiso” o “calabaza colgando de un hilo de oro”. Ja! no sabían con quién se las estaban jugando. Nos subimos y bajamos los tres picos antes del atardecer con la sensación en el cuerpo de que estamos entrenando para las próximas Olimpiadas, por lo menos (no he estado tan en forma en la vida, los muslos de acero…) Gal no había visto ninguna terraza de arroz hasta el momento y flipó. Para mi, las de Dazhai eran las terceras y, aunque no fue ningún descubrimiento, no me cansaría nunca de ver terrazas de arroz. Todo lo dicho hasta ahora de olas petrificadas muriendo en la orilla, mares de verde y escaleras al cielo, vuelve a aplicarse a las terrazas de Danshai. Solo que estas están mucho más preparadas para el turisteo que las de Filipinas o las de Vietnam, con caminos empedrados e indicaciones a diestro y siniestro -de ahí que te cobren la importante suma de 80 yuan por la entradas.
Hoy os escribo desde Hangzhou y el viaje ha sido épico. Desde Danzhai tomamos un bús hasta Gulin de nuevo. Ahí teníamos que tomar un bus a las 15:30 pero lo cierto es que hasta las 16:30 nos metieron en una furgoneta que nos dejaría debajo de un puente -como lo oís- donde pararía el supuesto bus a recogernos. Así fue pero los dos únicos asientos-cama que quedaban libres eran los que estaban al final del bus y os puedo asegurar que era como estar en el mismísimo infierno. El motor del bus, aposentado bajo nuestros traseros-emanaba tanto calor que no se podía respirar. Las barras de metal que servían de paracaídas que quemaban con solo rozarlas, sudábamos tanto al contacto con el plástico del asiento que pensábamos que íbamos a morir de deshidratación y mucho nos temíamos que la anciana que estaba tumbada junto a nosotras ya la habia palmado hacia mucho tiempo.
Con una sonrisa en los labios -hace tiempo que aprendí que una queja sonriente es mucho más efectiva que una con entrecejo fruncido- me dirigí a la cabina del conductor, donde el mismo y dos empleados más estaban charlando animadamente. Siempre riendo y con mucha, muchísima mímica (en China es como si estuvieras jugando al pictionary 24/7) les explique que al fondo del autobús no se podía estar y que les cambiaba sus camas refrigeradas al comienzo del autobús por las nuestras del infierno a la derecha. Entre risas, me ofrecieron dormir con ellos -obvio- invitación que yo rechacé -más obvio todavía- y seguimos riendo aunque yo desesperaba. ¿Qué sucedió? El segundo conductor sacó un par de sábanas extra que colocó en el pasillo del autobús donde todavia se notaba el aire acondicionado y antes la estupefacción general nos invitó a dormir ahí. Gal y yo nos miramos con sorpresa. Los chinos nos miraron a Gal y a mí con más sorpresa todavía. Sopesamos alternativas y terminamos durmiendo en el pasillo del autobús para no terminar cocidas cual patatas. ¡Ahí es nada! Apretaditas pero acondicionadas, mire usté.
Cuando llegamos a destino, nos volvieron a dejar en mitad de la nada, aunque esta vez no fue debajo de un puente, y nadie sabía indicarnos en el mapa donde estábamos (los chinos son peores con los mapas que yo misma). Todavía no sé como hemos conseguido llegar al centro de la ciudad sin recurrir a un taxi pero asín somos y asín se lo hemos contado. China: venir para creérsela.

Publicado en China | 1 Comentario

Provincia de Yunnan II: Lijiang y el Tiger Leaping Gorge

¡Y cómo me duelen las piernas y el trasero! ¡Y cuánto os tengo que contar que no sé por donde empezar! Llegamos a Lijiang hace 4 o 5 dias -ya he perdido la cuenta- y flipamos con la ciudad. Parece un China Town creado por el mismísimo Disney con sus calles empedradas, con todas las casas de madera de las que cuelgan triangulos de tela de colores y linternas rojas que se iluminan al anochecer, con canales que recorren las calles sobre los que cruzas por puentes curvos que dibujan un semicirculo en el agua, con sauces llorones bordeando los paseos y… Chinos! Ordas de chinos que están disfrutando de sus vacaciones estivales. Y… tiendas! Muchas tiendas con la ropa más estilosa, la comida más apetecible, las joyas más hermosas, los objetos más exóticos y todo, todo a precios razonables y negociables!! Qué creen ustedes que harían en un sitio asi dos chicas solas? Pues probablemente ir de compras, sí. Pero no estamos hablando de dos chicas cualquiera sino de dos viajeras aventureras que salieron despavoridas del tumulto amarillo para cruzarse el Gorge del Leaping Tiger o algo así como el Cañón del Tigre Saltarín. (Pero si hay tiempo, ganas y dinero, no lo dudeis, id a Lijiang de compras…)

En el cañon, el rio Yang Zi transcurre en un desfiladero de imponentes montañas con picos de hasta 5.326 metros. Y es que China es mucha China y cuenta la leyenda que un tigre al que estaban persiguiendo, se libró de ser cazado saltando al otro lado del rio ayudándose en una roca en mitad del rio para salvar los 213 metros que separan las orillas. Durante 20 kilometros, el Yang Zi esculpe los pies de las montañas nevadas de Java y el Dragon de Jade, formando los que algunos han conspirado en llamar el cañón más grande del mundo -incluso más grande que el mismísimo Gran Cañón .

Dos días pasamos recorriendo esta maravilla tomando el sendero alto -ya que el bajo te lleva por la carretera y caminar por el asfalto junto a los autobuses de turistas chinos no tiene mucha gracia- en un día de agosto con un sol de justicia -realmente sentí que mi cerebro hervía dentro de mi cabeza. La Loly avisaba que en época de lluvias puede ser peligroso atravesar el sendero pero, a pesar de que estamos en temporada lluviosa, los torrentes que deberían haber bajado repletos montaña abajo aparecían vacios. Cambio climático, dicen algunos…

El primer tramo de la travesía no es demasido duro ni demasiado inspirador. El camino es de asfalto y los campos de maíz están sembrados de postes eléctricos. Lo bueno viene cuando llevas dos horas caminando y comienzan los famosos “28 bends”. Miras para arriba y ves el camino de piedras que se eleva zizagueando hasta alcanzar los 2.670 metros de altitud, 900 metros mas desde donde tú te estás secando el sudor con el dorso de la mano. Te ajustas la mochila, repiras profundo y das el primer paso.

Cada metro ganado, va restando maleza que antes tapaba las vistas del cañón; las montañas de Haba y El Dragón se imponen cada vez más, mientras que el rio de color crema va menguando hasta que puedes abarcar su anchura con un sola mano -a pesar de que los rápidos que nadie ha sido capaz de cruzar te hagan cosquillas en los dedos. En el punto más alto, los autobuses han empequeñecido hasta medir la mitad de la uña de tu dedo meñique y aunque quieres disfrutar de la panorámica, un local te pide un yuan para ir al mirador que supuestamente el mismo ha construido. “Pues no me da la gana de pargarle 10 centimos de euro, mire usté.” Ya se que parece tontería pero en ese momento, después de todo el esfuerzo, era pura cuestión de principios.

Dos horas y media nos costó superar el desnivel y teníamos otras tantas hasta llegar al “Tea Horse”, la guesthouse donde teníamos pensado alojarnos, pero esta vez era todo plano. Las vistas desde la terraza del Tea Horse son como para quitar el hipo, cortar la respiración y revivir a un muerto. Nos quedamos hipnotizadas por el paisaje hasta que cayó la noche y la luna brillaba solitaria. Lo que antes había sido una sucesión de picos salpicados de verde hasta los 4.000 para luego dar paso a la roca desnuda, se convirtió en un cuadro de negros y grises donde volvimos a descubrir cuantas tonalidades esconde la oscuridad. Si nos hubieran preguntado cómo era dios, habríamos dicho que como la montaña de Dragón de Jade, sin duda alguna.

Al día siguiente nos levantamos temprano para evitar los calores del mediodía veraniego pero sorpresa, sorpresa, me levanté con la compañera que ninguna mujer quiere encontrar en mitad de la montaña. Las chinitas del hostal me prestaron unas compresas pero no tenían analgésicos así que me pasé toda la mañana caminando entre apretón y apretón. Cuando llegamos al final del camino eran solamente las 12 de la mañana y nuestro autobús no salía hasta las 4. Yo decidí quedarme en la cafetería del hostal que también servía como parada de autobús mientras Gal decidió seguir explorando un poco más. En la cafetería del hostal me encontré con una familia de holandeses con quien habíamos entablado conversación el día anterior. Por suerte, la madre llevaba ibuprofeno y me enchufe dos pastillazos de golpe mientras me enseñaban las fotos que habian hecho bajando al rio, de la fuerza del agua estallando en burbujas al golpear contra las rocas y, tachán!, para cuando terminaron de mostrarme, los dolores se me habían pasado y decidí bajar hasta el rio. Que me aspen sino hay que volver a superar el mismo nivel que en los 28 bends! Y que me reaspen si el sol no volvía a arder de la misma manera que el día anterior! Pero cada paso merecio la pena. Inclusos las escaleras verticales atornilladas a la roca, de 5 y 15 metros respectivamente, fueron un obstáculo más que salvable. A medida que vas bajando, ves al rio venir desde la lejanía y lo escuchas rugir cada vez más fuerte junto a la supuesta roca que el supuesto tigre supuestamente saltó. Una vez abajo, el rio te salpica con toda su energía y agradeces las gotas de agua y la nueva vida que te está dando, más que necesaria para emprender el camino de vuelta. Llegué justo a tiempo de cambiarme la camiseta, comerme un sandwich y tomar el bus del vuelta. Tiger Leaping George, imperdible (eso sí, no os olvidéis de estirar los músculos que si no luego os dolerán tanto como a mí).

De vuelta a Lijiang imaginareis que nos iríamos directas al hostel a descansar un poco. Pues os volvéis a equivocar, empezamos nuestras pesquisas para comprar billete de tren para nuestro siguiente destino: Guillin -decidimos no ir a Shangri La por miedo a que fuera tanta turistada como Lijiang. Resulta que las agencias de viaje no te venden billete de tren porque dicen que no tienen acceso al sistema informático de la Renfe Cina. Y además tampoco puedes comprarlos por internet porque no se puede pagar con una tarjeta extranjera. En el hostel nos dijeron que nos buscaramos la vida y por casualidad encontramos un despachos de billetes en el centro de la ciudad que nos ahorró el viaje hasta la estación pero, eso sí, estaba cerrado.

Al día siguiente temprano, volvimos al lugar para encontrarnos con una fila de chinos más que importante. Pero si acaban de abrir! No importa, esto es China. Nos colocamos en una de las filas, abrimos nuestra guía y la chinita que teníamos delante se ofreció a ayudarnos. Y tanto, que hasta nos acabo llevando a la estación al día siguiente y todo! Las malas noticias es que no había asientos en el tren y nos ofrecieron unos billetes para ir de pie. Si, de pie. Bueno, no, acabé sentada en el pasillo entre vagón y vagón. Y menudo viajecito señores y señoras, más de 24 horas hasta llegar a Guillin desde donde les escribo. Me va a hacer falta más de una cerveza para recuperarme : ) A su salud!

Publicado en China | 1 Comentario

Provincia de Yunnan (I): Kumning y Da Li

Tengo que admitir que China era el país que mas me imponía de todos los que he recorrido en este periplo pero la entrada al país no pudo ser mejor. Cuando me subí a la furgoneta que me llevaría a la frontera lo único que sabía era que una vez en el país tenía que tomar un bus que me llevara a Kumning pero no sabía ni cómo ni cuándo ni casi ni por qué. Sin embargo mi buena estrella volvió a brillar y en la furgo me encontré con un español que se había cruzado media China y que había entrado en Viet por la misma frontera que yo iba a cruzar. Le acribillé a preguntas y él, muy amablemente, me dio muy buenos consejos para moverme por el país y hasta me explicó donde estaba la estación de autobuses en el lado chino.

Contra todo pronóstico, el primer contacto con la policía china fue de lo más sencillo y a pesar de que mi largo nombre con sus dos apellidos no les cabía en el formulario del ordenador, me estamparon el pasaporte con un “welcome to China”. Siguiendo instrucciones llegué rápidamente a la estación de autobuses. Debido a la gran cantidad de los mismos, estaba claro que estaba en el lugar correcto pero la expresión de mi cara demostraba el flipe que tenía de haber llegado a China y una encantadora occidental que andaba por ahí con super mochila y guía en mano, me saludó con un “yeah, I know that face”. Resulto ser Gal, la israelí más simpática e inteligente (y que además sabe pilotar aviones)  que podáis encontrar en toda Asia. Todavía no nos hemos separado y dudo que eso suceda pronto porque -casualidad o no- después de China ella también va a Nepal en las mismas fechas que yo…

Una vez llegadas a Kunming abrimos la guía para elegir hostel -ninguna de las dos había reservado- y acabamos en el XXX después de montarnos en el coche del primer chino que nos asaltó con su buen inglés. En el hostel no quedaban camas pero nos ofrecieron dormir en unos sofas por 10 Yuan (10 Yuan = 1 euro). Era tarde, el viaje había sido largo y estabamos cansadas así que aceptamos la propuesta de lo más felices.

Al día siguiente no sabíamos muy bien que queríamos hacer pero ya habíamos visto suficientes campos de arroz y pagodas. Ademas Kumning es una ciudad grande (8 millones de habitantes) parecida a cualquier otra así que compramos un billete para salir esa misma tarde para Da Li. Pasamos el día acostumbrándonos a movernos por un entorno chino, moviendonos por la ciudad con nuestro mapa chino/inglés (la única manera de no perderte), hicimos un par de compras, entramos en un par de bancos y vimos a los chinos beber té sin mesura, conduciendo motos eléctricas silenciosas, bailando en grupo en los parques de buena mañana y jugando apasionadamente lo que yo he bautizado como dominó-poquer.

Llegada la noche teníamos que tomar el autobús para Da Li. Para llegar a la estación tomamos un bus urbano que resultó ser de lo mas cómodo y barato pero una vez en la estación la cosa se complicó un poco más. Todo estaba en chino y lleno de ellos pero uno de los guardas nos vio con cara de pena y nos llevo diligente hasta la puerta de nuestro autobús -llegado este punto tengo que decir que los chinos que he conocido hasta ahora son de lo más amables. El viaje fue suave como la seda hasta que el autobús paró en la ciudad anterior a Da Li -esto sería sobre las 11 de la noche- y no fue hasta unas horas después que no comprendimos que aquel autobus no se iba a mover de ahí. La guía ya advertía que a veces comprabas un ticket a la antigua ciudad de Da Li pero que realmente te dejaban en otro lugar. Comparamos 1.000 veces los simbolos de la antigua ciudad que aparecían en la guía con los que teníamos en los billetes pero el conductor nos dijo que nanai de la… Simplemente nos invitó a dormir en el autobús (que tenia asientos cama) hasta las 6:30 cuando el autobús numero 8 empezaba su recorrido hasta Da Li.  Y así fue.

Una vez en Da Li no había manera de encontrar el hostel en el que habíamos reservado cama, nadie hablaba inglés, no contestaban al telefono que teníamos apuntado y encima empezó a llover. En fin, llegamos al lugar una hora después de haber caminado bajo la lluvia con la mochila. Pero eso no nos detuvo a la hora de explorar la ciudad.

Da Li es un pueblo encantador rodeado de montañas, a la orilla del lago XXX, protegido por una muralla con cuatro puertas y con todas las casas de fachada blanca con dibujos en negro de montañas, lagos y bambús, y tejados adornados de tal manera que te hacen confundir la casa con un templo. Después de recorrer el pueblo de arriba a abajo, nos dimos un masaje en los pies y decidimos que pasaríamos los siguientes dos días subidas en una bici alrededor del lago XXX. Fue una experiencia agotadora pero maravillosa.

El primer día de pedaleo comenzamos en la autopista que lleva al Tibet (alucina) pero solo hasta que conseguimos una vista panorámica de las tres pagodas que son símbolo de la ciudad. La guía hablaba de los precios astronómicos para entrar en el recinto y ademas advertía que no se podía entrar en las pagodas en sí, así que con la típica foto de rigor nos conformamos. Volvimos a entrar en la autopista para luego adentrarnos en una carretera secundaria que corría paralela al lago. Esta nos llevaría de pueblo en pueblo, circulando por caminos llenos de barro y piedras que nos dejarían el culo dolorido para los siguientes tres dias, y atravesando rios sin puente en los que nos teníamos que cargar la bici al hombro y arremangarnos los pantalones.  No vimos a otro occidental aquel día. Todos era chinos de la minoria Bai, vestidos con trajes azules y que nos saludaban “ni hao” al pasar. Pero lo mejor fue cuando dimos con un templo budista repleto de mujeres en mitad de sus cánticos y oraciones. Nosotras nos sentíamos como exploradoras del National Geographic pero ellas nos hicieron sentir como en casa. Nos ofrecieron asiento, té y tabaco. Nos miraban con la misma curiosidad que nosotras las mirabamos a ellas y estaban encantadas de que les echaramos alguna foto. Nos costó bastante levantar el trasero de aquel sitio pero tuvimos que hacerlo si queriamos llegar al puerto para tomar un barco que nos llevaría al lado oeste del lago.

Encontrar el puerto fue un poco difícil porque la carretera secundaria que habíamos tomado se bifurcaba sin parar y recorría campos de arroz de los que no sabíamos si íbamos a ser capaces de volver a salir. Ya ni sé cuantas veces paramos para preguntar y mostrar nuestro mapa. Y hasta confundía el “ni hao” con el “xienxien” pero finalmente llegamos  y. SI, nos metimos en el barco.

Un poco más difícil fue encontrar alojamiento en el pueblo al otro lado del lago -estaba todo, todo ocupado- pero tuvimos la suerte de acabar en un hostel maravilloso donde nos montaron una tienda de campaña con vistas al lago por 30 yuan. Esa noche cenamos en un restaurante donde te hacían pasar a la cocina y elegir los ingredientes que luego el cocinero mezclaría de la manera que mejor le pareciera -curioso, muy curioso. Más tarde, sentadas en la terraza, Gal y yo compartimos confidencias hasta que se nos unio una china muy salerosa con su inglés y, a parte de darnos una lección de chino básico (pero que difícil), aprendí que Igua signfica “beautiful baby” en chino. Je! Creo que en japonés significa “roca” pero eso lo tendré que confirmar en otro viaje : )

El segundo día amaneció diluviando. Por suerte paró para cuando nos subimos en las bicis pero la carretera principal de aquel lado del lago esta en construcción y la mayoría de ella es un amasijo de tierra y piedras que podéis imaginar cómo se había quedado después de las intensas lluvias. A mí ya no me importaba el barro ni los charcos e iba con la bici como una fitipaldi, incluso dejando a Gal bastante atrás hasta que zas! Una piedra que no vi o un charco demasiado profundo y caí con todo el equipo, con la mala suerte de que me hice un corte bastante profundo en la mano. “¿Es esa tu sangre?”, preguntó Gal cuando llegó y vió el regero. “No, es la sangre de la regla de tu puta madre”, me dieron ganas de contestar pero en vez de eso me dirigí a la primera casa de chinos que vi donde me lavaron, desinfectaron, vendaron y me dieron de beber un mejunge que a día de hoy todavía no sé qué es. El caso es que en cuanto me vi más o menos compuesta me volví a subir en la bici mientras Gal me miraba con cara de flipe y aseguraba “you’re my hero” que me hizo recordar el titulo de Rambo VI que me gané en Nueva Zelanda (por cierto, la herida está cicatrizando de maaaravilla.)

Continuamos pedaleando pero la carretera no fue tan interesante como la del primer dia y no veiamos la hora de llegar a otro puerto donde nos llevaran al lado este del lago y de ahi a Da Li. Cuando al señor del puesto de bicis vio como habiamos dejado las mismas de barro flipo en idiogramas pero nosotras nos fuimos a tomar la primera comida del día que eran las 6 de la tarde y estábamos que nos caíamos.

Hoy estamos en Lijiang y mañana tiraremos para el Tiger Leaping Gorge para hacer el trekking de China durante dos dias. Que buda nos pille iluminadas que todavía tengo el sillin de la bici tatuado en el trasero. Y ¿sabéis que? China is good!!

Publicado en China | 1 Comentario

Sapa

Saboreando un delicioso cafe vietnamita (eso era ayer, hoy ya estoy en Chinaaaaa), me resulta doloroso apartar la vista del valle y las montañas. El Fansipan, el pico más alto de Vietam, esta cubierto de nubes. Aparece oscuro, densamente poblado por el bambú. La cordillera se extiende más allá de lo que da la vista, aquí en un séptimo piso. Desde esta altura una se puede imaginar como la tierra explosionó creando cada uno de estos picos, con la fuerza restante zizagueando en las venas y nervios que descienden por el valle. El camino es largo y lo recorren cientos de riachuelos que van a parar al río. Desde la falda de la montaña, la tierra ha sido labrada en terrazas ondulantes. Se sobreponen de tal manera que parecen escaleras al cielo improvisando un escenario en la última de ellas. El arroz está creciendo, verde esplendoroso en la época de lluvias. Hoy el sol aparece por primera vez en tres dias y hace brillar ciertos verdes mientras esconde otros en negra sombra. Este monumento me recuerda al Machu Pichu, comienzo de este viaje. Pero tambien me hace pensar en Banaue, comienzo del periodo en el Sudeste Asiatico. Aqui termino como comencé, ésta es mi última parada antes de China, absorta en la belleza de la terrazas, a punto de dar una nueva vuelta en la rueda de la fortuna.
Llegué a Lao Cai el 31 de julio a las 6 de la mañana. De ahí tomé una furgoneta a Sapa y tal y como me dejó en la plaza del pueblo, acudio un motorista ofreciendome habitación por 10 dólares. Mi presupuesto era más reducido pero al enseñarme el folleto del hotel decidí hacer un extra. Fue un chollazo. Al día siguiente escuché como a unos turistas recién llegados les cobraban 60 dolares por habita. Asi que de lujo en el Cat-Cat View de Sapa, con unas vistas increíbles de las terrazas de arroz y es que siempre sale mejor cuando lo organizas tú todo o más bien (ay, que risa) cuando la vida se organiza ella sola.
El 31 de julio llegué y llovía a cántaros pero tenía que hacer tiempo a que prepararan la habita así que me fui a dar una vuelta muy a pesar mío y de la llluvia. Era domingo y día de mercado -debería haber aprovechado para ir al mercado de Bah Ca- y las calles estaban repletas de niñas y mujeres de distintas minorías étnicas vendiendo artesanía. La manera de vestir las distinguía. Las que llevaban un sombrero rojo y abultado, hecho de una sola pieza de tela, y que les dejaba a la vista una frente amplia y redondeada eran Zais. Las que llevaban el pelo recogido alrededor de la cabeza, delanteales coloridos sobre faldas negras, y grandes aros en las orejas, eran H’Mong. Las que tenian un pañuelo a cuadros coloridos sobre la cabeza eran Tais. Nunca se mezclaban, siempre iban en grupo y su objetivo era que les compraras un bolso, cinturon pulsera, falda, pendiente o lo que fuera. Yo les pague para hacerles fotos.
Salia de tomar un cafelito, cuando una niña me abordó de la misma manera que las otras 200 pero me ofreció algo diferente: “you can come to my village and sleep in my house”. Se manejaba con el inglés de maravilla -todo aprendido a traves de los turistas- y me explicó que me podía llevar de ruta por los pueblos. Le pregunté su nombre y cuanto me cobraría por tenerla de guía un par de días y dormir en su casa. Se llamaba Zo y su tarifa eran 25 dólares. “A ti no te voy a regatear”, pensé. Había preguntado en una agencia por un tour igual y me cobraban 4 dólares mas que la niña, además, vi la oportunidad perfecta de tener un verdadero homestay y de que los beneficios fueran integros a la familia. Quedamos en vernos al día siguiente a las 9:30 y cerramos el trato con un apretón de meñique. Era tan mona!
El día fue un continuo de chirimiri, seguido de intervalos chaparronicos y en uno de ellos busqué refugio en un templo donde se oía una música muy animada. Menudo show tenian montado ahí dentro. Había un escenario donde una mujer sentada de espaldas al público (pero con un espejo de cara en frente) era vestida y desvestida, sin llegar al desnudo, por dos ayudantes que le hacían el tocado más sorprendente o le ajustaban el cinturón mientras ella se abanicaba y fumaba frente al espejo -joder, parece que este describiendo una escena de pelicula erótica años 70! Cuando la señora -ya entradita en años- estaba preparada se hacía dueña de la escena y bailaba con los abanicos o con palitos de incienso o tiraba billetes al público. Llegué cuando la estaban desvistiendo de amarillo para vestirla de verde y la dejé cuando la estaban desvistiendo de verde para ponerla de rojo. Vaya espectáculo, de cabaret budista. Al día siguiente y al otro volví a escuchar la misma musica cuando pasaba por ahí con Zo y le pregunté si sabía qué era. Me contesto que no lo sabia porque ella era Catolica y que ni siquiera tenia permitido ir a verlo. Zo pertence a l a minoria de los H’Mongs.
Esto fue de camino al mercado para comprar la comida del día. Antes me había venido a recoger al hotel con dos primas suyas y cada peldaño de la escalera de entrada al hotel tenia una niña/mujer H’Mong en ambos extremos. Cuando salí y comencé a bajarla, todas me saludaron con la mano y con un “hello, Spain”. Dudo mucho que estuvieran allí por mi sola presencia, obviamente habia mucha billetera en el hotel que trabajar aquel día pero el saludo fue impresionante y abrumador. “Dónde está Zo?”, pregunté incapaz de identificarla entre todas ellas. “abajo, abajo”. Ella y sus dos primas vestían los trajes H’Mong.
Comenzamos el día en el mercado. Me pidió 100.000 dongs (5 $) para comprar la comida de los dos días y me preguntó qué quería comer. Me aclaró que arroz ya tenían ellos. “Obvio”. Dudando le dije que fruta, verdura y … Pollo. Pollo? “El pollo es muy caro”, argumentó. Y yo que habia dicho pollo pensando que seria lo más barato. Tofu? Con el tofu no había mayor problema. ¿Huevo? Los huevos también estaban bien pero no veais como se tiraron a por la tortilla que luego comeríamos, estaba claro que los huevos también eran un lujo.
Las tres primas se encargaron de hacer la compra de huevos, plátanos, tofu, una verdura que es parecida al “morning glory” y unas barras de pan que las primas pensaron que “me” podían apetecer.

Al salir del mercado, un viet usó muy malas maneras para pedirles a las niñas que se movieran de la entrada. Pro lo visto no se había dado centa de mi presencia porque se quedó bastante sorpendido cuando me vio y le hice un gesto de desaprobación con la cabeza. Las niñas simplemente tomaron camino para ir a casa pero Zo se volvió y me dijo “you know, viets hate us minorities”. Y me lo creo, no sería la primera vez que los viets se hacen odiosos.

El pueblo de las niñas se llama Lao Chai y está a unas tres horas de Sapa por un camino primero asfaltado y luego convertido en un barrizal todo cuesta abajo. No sé si me explico bien cuando digo “barrizal” y es que me refiero a una masa informe de líquido espeso que o bien te succiona el pie hasta el tobillo o te hace resbalar con un simple roce. Y resbalar era facil porque era cuesta abajo y cuando digo “cuesta abajo” me refiero a que  había que llegar al rio que discurre por el valle. Admitiré con orgullo que no resbalé ni una sola vez pero no sin la ayuda de las dos pirmas, una por cada lado. Ellas con la cesta a la espalda -y Zo con la bolsa de huevos en la mano- y con sandalias de plastico, ayudando a esta giganta de occidente con botas trekeras y pantalones para la lluvia. Zo tiene 13 anios, las primas 15.

Con la atención totalmente puesta en los pies y el barro, no me perdí mucho del paisaje porque el día había amanecido con una espesa niebla que cubría el paisaje. Llegamos a casa de Zo, todavía en la falda de la montaña. Era una casa de planta rectangular con las vigas de madera, las paredes recubiertas de bambú y con el tejado de chapa metálica. Una habitación amplia servía de cocina, un pasillo con dos habitaciones llevaban al comedor y un tercer espacio alojaba otros dos dormitorios más. Eran ocho en la familia además del búfalo de agua, el cerdo, las gallinas, pollitos, el arroz, el chile y el maiz. Todos los miembros de la familia estaban en la cocina, alrededor del fuego. El hermano mayor de Zo -19 años- acababa de ser papá y el bebé lo sostenía una bella y exótica H’Mong de no más de 18 años. El padre desapareció para el resto del día y la madre no llegaría hasta la noche. El hermano de Zo preparó la comida sobre el fuego y mientras me dediqué a ser objeto y sujeto de curiosidad. La bella H’Mong me miraba con el rabillo del ojo cuando me quitaba el barro de encima mientras que yo no podía parar de hacer fotos cuando ella se deshacía el moño y peinaba una coleta que le llegaba hasta el suelo. Los niños repetían como loritos lo que yo decía y yo no podía sino sucumbir a us sonrisas traviesas. En el porche estaba la tejedora. En la cocina la herramienta para descascarillar el arroz que había visto en un museo en las afueras de Hue. Era como estar en una peli, como haber traspasado fronteras entre realidades paralelas.

Las niñas y yo comimos en un una mesa dispuesta en la habitación contigua. Todo estaba de muerte y no veais como atacaban la tortilla, el pan y el tofu. Yo me concentré en el tomate y en el chili que encontré deliciosos. Después de la comida bajamos al pueblo por un camino no tan embarrado ni tan cuesta abajo. El pueblo en sí son casas más o menos aisladas en la falda de la montaña y otras tantas en la vía principal que comunica con otros pueblos. Zo afirmó que su pueblo era very big, con 2.800 habitantes.

Por suerte el día se había despejado y la vista de las terrazas cubriendo todo el llano que llega hasta el rio es, simplemente, espectacular. Las terrazas lo eran todo, como el mar que manda olas a morir sinuosas en la orilla. Capturada en un segundo, la ola se convirtió en la línea ondulante de la terraza de arroz. “En dos meses el arroz estará listo para recoger. Estará todo amarillo”. Yo me imaginé todo aquello dorado, el mar tranformado por el amanecer, y me dije que tenía que volver algún día a finales de septiembre.

En el pueblo no faltaban los turistas ni las mujeres que intentaban vender algo. Las mismas primas de Zo, en cuanto me senté a tomar un café, me dijferon que les comprara algo y así podían volver a su casas. Por un lado ya me lo estaba esperando pero por otro todavía mantenía la esperanza de que aquellas niñas me hubieran ofrecido su compañía y ayuda si ningún interés. Ilusa de mí, la decepción me clavó su aguijón y en un arrebato les pregunté si habían estado conmigo solo para que les comprara algo. A continuación les ofrecí 100.000 dongs por una bolsa y una pulsera. El precio les pareció ridículo pero eso era todo lo que mi presupuesto y mi orgullo me permitían gastar.

En el pueblo caí víctima de una persona más y cuando le pregunté a Zo si todo el mundo quería vender algo, ella me contestó que sí, que TODO el mundo quería vender algo. A partir de ahí hice oídos sordos  a todo el que me dijera algo y Zo explicaba que yo no compraba nada. El pueblo en sí es una maravilla de terrazas inserto en el valle y rodeado de montañas. Tan sólo sentarte en una roca del camino a mirar a la gente, a admirar el paisaje, es un pasatiempo que te puede llevar horas.

La mayoria de las H’Mong llevan un bebé a sus espaldas y el peinado que indica que están casadas. Nunca se han cortado el pelo y su melena es tan larga que se la pueden enrollar tres veces alrededor de la cabeza para hacerse un moñoo. Los niños pequeños están todos para comérselos -pero de revista. Los hombres llevan una casaca sobre unos pantalones de terciopelo negro con un cinturón de tela que ajusta la casaca.

Sobre las 6 de la tarde volvimos a la casa porque se acercaba la hora de la cena. Desayunes, comas o cenes siempre va a ser lo mismo: arroz, verdura, chili y tofu. Aqui no hay tostadas con café para el desayuno, un filete al mediodía y una ensalada ligerita a la noche. Aquí hay lo que hay, ni más ni menos. La madre ya había llegado. Aquella mujer tenia 38 años y ya era abuela. Su cara y sus manos reflejaban toda una eternidad. Hablaba un inglés básico con un acento muy marcado pero aun así nos podíamos entender. Cenamos y yo les regalé lo único que tenía en la mochila que pensé que les podía hacer ilusión: unos perfumes en miniatura. Aquellas mujeres miraron las botellitas con desconcierto, olieron curiosas el contenido y con un educado “thank you” volvieron a sus tareas. También había llevado un par de sujetadores pero en seguida me di cuenta de que no usaban. Me sentí un poco tonta con mis regalos pero, oiga, en Cuba se habrían muerto por unos sujetadores y unos perfumes. Realidades paralelas.

Despues de cenar poco más había que hacer. Se había hecho de noche y ni que decir tiene que no había tele, ni radio , ni un libro ni una guitarra. La familia entera se fue a dormir a las 21 y la invitada también.

A las 4 de la mañana me despierta el rumor de unas voces rezando. “Osti tu, como en el templo”. Miro la hora, veo que todavía no se ha hecho de día y me vuelvo a acurrucar en la cama de bambú tamaño H’Mong. Al cabo de un rato, el ruido de la familia en la cocina me decide a salir de la cama. Cada uno tiene su tarea: dar de comer a los animales, dar de comer al bebé, ir a por unas mazorcas para el desayuno… Yo me limité a sentarme en una esquina y a mirarlo todo con una expresión interna de aspaviento. Asé es la vida en esta parte de planeta, día tras día…  Aquí me traía yo a un par de estudiantes de tercero de la ESO pa que fliparan.

El desayuno tardó una eternidad en ser servido y entre las sombras había querido distinguir patas de pollo, entre otras partes menos aparentes, en una sartén. ¡Pollo! anunciaron con alegría y yo simulé entusiasmo pero la falta de luz y mi imaginación se aliaron y no sabía que parte del pollo iba a comer así que comencé con el arroz y las verduras. Finalmente me decidí a tirarme a por el pollo y aunque todavía no se que parte comí, resultó que estaba muy rico. Para despedirnos, la madre de Zo me ofreció unos bolsos y cinturones a buen precio. Esta vez ya estaba 100%  preparada y le explique amablemente que no necesitaba nada de aquelllo. A parte de que si le hubiera comprado algo no me habría llegado el dinero para pargarle a su hija los 400.000 restantes pero eso no merecía la pena explicarlo. Afortunadamente, lo entendió a la tercera y nos despedimos en terminos amigables con la invitación de volver a su casa en 1, 2, 3, 4  maybe 5 years.

El segundo día lo pasamos visitando un par de pueblos mas pero ¿sabéis qué? Acabo de llegar a  China, son las 10 de la noche y tengo hambreeee. He dicho.

Publicado en Vietnam | 2 comentarios

Bahia de Halong y ultimo dia en Hanoi

Imaginaros sobre la cubierta de un barco navegando un mar verde esmeralda. En el horizonte, a traves de la bruma, se intuye la presencia de los 4.000 islotes que se elevan sobre el agua como por arte de magia. El velero avanza despacio, con un dragon presidiendo la proa, y las islas antes borrosas, van tomando figura. El velero se desliza entre ellas. Una tienen forma de camello, otras son pechos puntiagudos cubiertos de vegetacion, en otras se adivinan cuevas y en el hueco de la roca se ha improvisado un altar.

Ahora imaginaros que esta cayendo el sol y estais acomodados en una tubona sobre la cubierta. El mar verde esmeralda se ha transformado en un juego de rosas y naranjas, reflejando el atardecer del cielo. El sol se esconde tras una nube que en un momento explosiona en cinco dimensionas con un ribete de un dorado imposible. Le das un ultimo trago a tu bebida y saltas al agua desde la cubierta. El agua esta calida y mas salada de lo que esperabas. Cuando reapareces en la superficie, miras a tu alrededor y mientras te dejas flotar con los brazos en cruz, piensas: “si, dios existe.” Esto es el suenio de la bahia de Halong.

La organizacion es la pesadilla. Nada de lo que prometieron fue cumplido: no hubo marisco, ni kayaks, ni bajamos a la isla de Catba. A cada uno nos habian cobrado cantidades que oscilaban de los 35 a los 70 dolares por lo qeu se supone era el mismo servicio. Durante la noche, la tripulacion se emborracho y trato de asaltar a cinco chilenas que parecian haber salido de una revista de modelos. Las quejas fueron recibidas con gritos y ademanes violentos. Y para terminar, aquellos que habian reservado dos noches en el barco tuvieron que volverse antes de tiempo porque un tifon amenazaba la costa, todavia dudo que les hayan devuelto algo de dinero. Os prometo que los viets son lo peor que he visto hasta ahora-y algo he visto. De hecho, cuando los animos del barco empezaron a naufragar, observe que hasta donde me llegaba la vista, habia alguna disputa entre algun turista que habia sido estafado y el guia de turno. Tremendo!

Por mi parte no tenia ganas de quejarme. Tenia una tremenda resaca y es que habia compartido vodka con las chilenas y unos argentinos que las acompaniaban. Por lo visto debi ser el alma de la fiesta pero a partir de la segunda botella no me acuerdo de nada y me tuvieron que refrescar los chistes y los bailes . Estos blacks outs me preocupan, vaya que si.

Esta noche tomo un tren para Sapa. A modo de despedida de Hanoi he visitado el mausoleo de Ho Chi Min o “tio Ho” para los mas entendidos. A pesar de que Ho dejo escrito en su testamento que queria ser incinerado, los viets han hecho una momia con su cadaver y lo tienen metido en una urna de cristal dentro de un edificio de lo mas sobrio y solemne. El Lenin vietmanita. No veas que yuyu. 40 anios lleva muerto y por su aspecto podria decirse que la palmo ayer.

Despues me he pasado por el museo etnografico. Esta vez a modo de introduccion para todas las minorias etnicas que viven en el norte del pais, hacia donde me dirigo. Hasta 53 minorias, cada una de ellas con sus costumbres, ritos  y maneras de vestir. Ya he visto muchos campos de arroz preo me da que los de Sapa van a ser diferentes. Eso si, me voy sin tour, a ver en que garras vietnamitas acabo esta vez…

Publicado en Vietnam | 2 comentarios

Triple H

H de Hue y de Hoi An y de Hanoi. Como tambien lo es de Horroroso como el viaje que tuve de Laos a Viet Nam. 27 horas costo recorrer los 600 kilometros que separan Pakse de Hue. Primero monte en una furgoneta que se quedaba tirada cada dos por tres en la carretera -menos mal que los parones fueron amenizados por una pareja de asturianos- y mas tarde el autobus que cogi parecia de antes de la guerra, pero de la primera guerra punica me refiero. Los pocos asientos que quedaban se caian a trozos, literalmente, la parte trasera estaba llena de sacos de carbon hasta el techo, mientras que el pasillo estaba bloqueado por sacos de cemento. Durante el viaje la gente fumaba y no apagaron ni la musica ni la luz hasta que llegamos a la frontera con Viet a las tres de la maniana y tuvimos que esperar cuatro horas a que la abrieran. Ahi si que pude dormir un poco. Mi plan era seguir hasta Da Nang pero cuando paramos en Hue salte con paracaidas incluido. No queria pasar ni un solo minuto mas en aquel bus del infierno.

Una duchita, una de noodles y para la ciudadela que me fui. Hue fue la ciudad imperial de la dinastia Nguyen y como tal, el emperador se construyo -o mando construir- una choza que no veas. Que si un templo para cuando cumplo anios, que si otro para cuando estornudo, que si una ciudad prohibida donde solo puedo entrar yo, mis concubinas y sus eunucos, que si un teatro y una cancha de tenis para cuando me aburro de mis 200 concubinas, y suma y sigue. Todo muy monumental y muy dorado. Otro patrimonio de la humanidad que llevarme a la boca. Pero lo que mas me emociono fueron las cometas que los ninios echaban a volar a la entrada del recinto. Recorde que en unas navidades me regalaron una cometa pero que nadie me ensenio a jugar con ella. (Quien echara a volar mi cometa?) En la ciudadela tambien conoci a cuatro madrilenias -eh, chicas que no me olvido de vosotras- con las que compartiria risas y cena al anochecer.

Al dia siguiente me monte en una moto para ver pagodas, templos y tumbas imperiales. Pero el dia se empanio porque me tuve que quitar de encima de un empujon al conductor de la moto que queria un beso y no de los de hermano precisamente. Que le pasa a esta gente? Hoy el segurata de una tienda me ha tocado una teta. Se deben pensar que eso de ser occidental y viajar sola despeja la incognita en un “follame”. Entre el robo de hace unas semanas y las agresiones sexuales, no me estoy llevando muy buena impresion de los viets. He comentado ya que la duenia del hostel donde estoy alojada en Hanoi no me ha dejado usar internet porque no reserve con ella la excursion a la Bahia de Halong? Alucina, la muy bruja…

H de hastio. Soy de un pais que se llama “no, thank you” y hoy me siento “I’m not buying anything”. Todo porque te asaltan en cada esquina con un “where are you from? how are you?” para a continuacion invitarte a su tienda/hotel/damedolar. Asi fue en Ha Noi, mi siguiente parada, donde un vendedor ambulante llego a pararme con un directo y preciso “buy something”. Ha Noi es otro patrimonio de la humanidad, un pueblecito encantador que alla en el siglo XVII fue el puerto comercial mas importante de Viet y donde convivieron vietnamitas, chinos y japoneses. Hoy en dia el mayor negocio de Hoi An son los trajes a medida. Una puede llegar en bragas y salir vestida como  para una boda real. A ver, quien puede decir que ha esto en Ha Noi y no se ha comprado una misera camiseta? Pues la menda lerenda que para algo esta haciendo sitio en la mochila -y en cuanto sepa para que ya os lo digo : )

Cuando mas se disfruta de Hoi An es al anochecer porque, a parte de cae el calor que ha sido insoportable durante el dia, las calles se iluminan con lamparas hechas de tela y papel, hay actuaciones en la calle y puedes participar de juegos tradicionales. La lastima fue que la camara de fotos peto y casi no puede hacer ninguna foto. Pero lo cierto es que ya ha durado porque ha estado renqueando desde el dia cero del viaje.

H de hoy que he llegado a Hanoi en otro bus nocturno. He pasado el dia eligiendo la camara de fotos mas barata del mercado -puedo viajar sin movil y sin ordenador pero no sin camara de fotos-  y la tarde tocando una flauta travesera hecha de bambu con los musicos del Templo de la Literatura. El caso es que en la tienda del templo (siempre va a haber una tienda) una dependienta estaba intentando vender una de estas flautas pero la estaba cogiendo al reves. Intentado corregir su error, le mostre como tomarla y me marque unos compases pero no consegui encontrar el do de la segunda escala. Coincidencia o no, en la sala de al lado estaba terminando un concierto y con la flauta en mano, me dirigi a los musicos para preguntarles por el do que se me resistia. Me enseniaron la digitalizacion y estuvimos un rato “improvisando”. Divertido pero tampoco compre la flauta.

La noche la he pasado en el teatro, viendo un espectaculo de marionetas de agua. Un arte inventado en los campos de arroz donde las marionetas toman un campo inundado de agua como escenario. Me acorde de Mr. Dong, una marioneta de agua que alguien me regalo y que acabo sus dias en el fondo del cubo de la basura. Pobre Mr. Dong…

Maniana ire a la Pagoda del Perfume, la mas sagrada de todo Viet Nam.

H de heroina. Me he enganchado a las novelas de Millenium aun por muchos prejuicios que tenga por los bestsellers y me temo que es una distraccion mas que me aleja un poco mas de este blog.

H de hasta luego.

*H de hubiera. Ya de vuelta de la Pagoda del Perfume, tengo que decir que el viaje es demasiado largo (2 horas en autobus y otra en barca) para el poco tiempo que se pasa en el templo. Casi que hubiera sido mejor ir a ver la momia de Ho Chi Min : ) Pero maniana voy a la bahia de Halong y aunque dicen que esta petada de turistas, me hace bastante ilusion….

Publicado en Vietnam | 2 comentarios